Grandes Ciudades

la construccion del nueva york moderno
Librería

Nueva York, la urbe global e inacabable en constante expansión

Miguel Aguiló

18 sept 2026·3 páginas
Descargar
Leer el libro

Acerca de este libro

Formato:

PDF

Idioma:

Español

ISBN:

978-84-697-1784-4

«Como Nueva York es inacabable, solo cabe penetrarla, bucear en sus entrañas en busca de sentido». Así comienza el volumen que le ha dedicado a la urbe global la colección Ciudades, que publica ACS. Titulado. La construcción del Nueva York moderno y subtitulado Protagonistas, obras y significados, el volumen cuenta con la supervisión del ingeniero y economista Miguel Aguiló, impulsor de la colección.

«Al bucear en Nueva York en busca de sentido, lo que se encuentra es gente, no solo el pueblo llano, siempre presente, sino muchos neoyorkinos poderosos, con capacidad e interés en moverla», escribe Aguiló después. «Alcaldes, gobernadores del estado, presidentes de la nación, congresistas, senadores, familias de banqueros y filántropos activos». A 14 de estos «neoyorkinos poderosos» dedica sendos capítulos el volumen, desde el ingeniero John B. Jervis (1795-1885), que construyó el acueducto Croton, que con sus 41 millas de recorrido suministraba agua a la ciudad, hasta la planificadora urbanística Amanda M. Burden (1944), directora del Departamento de Planificación Urbana de la metrópoli en los primeros años de este siglo XXI.

La historia de Nueva York es la de una expansión constante, empujada por su vitalidad. Una expansión en vertical, con sus rascacielos cada vez más altos, y otra en horizontal, para extenderse con túneles y puentes más allá de la isla de Manhattan, en un enorme territorio en el que «no hay vacíos, cada porción de terreno tiene un uso definido por y para la ciudad: se especializa en residencia, industria, corredor o parque, como actividades a veces separadas, pero también juntas, mezcladas o yuxtapuestas». Un territorio de unos 830 kilómetros cuadrados, en el que viven unos 25 millones de personas –el 30 % de ellas, nacidas fuera de los EE. UU.– y en el que se hablan más de setecientos idiomas y dialectos diferentes.

Unos 5.000 indígenas de la tribu lenape vivían en la zona original, al sur de Manhattan, cuando en 1524 llegó allí el explorador italiano Giovanni da Verrazzano, que trabajaba para la Corona francesa y bautizó el lugar como Nouvelle Angoulême. En 1626, los neerlandeses la rebautizaron como Nieuw Amsterdam. Y, en 1664, los ingleses como New York, en honor al duque de York, el luego rey Jacobo II de Inglaterra y VII de Escocia.

Una propuesta urbanística ya más que bicentenaria, el plan del año 1811, está en el origen del Nueva York moderno. Aquel plan, escribe Aguiló, «no es tanto la descripción de una ciudad o un lugar como la fijación de un sistema ordenado de crecimiento. El tejido urbano se organiza con avenidas orientadas hacia el norte con un ángulo de 29 grados y calles perpendiculares. Se apoya en la ciudad existente como borde sur y propone hacia el norte una numeración metódica del 1 al 155». El ancho de las avenidas y de las calles, la dimensión de las manzanas, los cruces principales cada diez calles... casi todas las normas estaban ya en aquel plan pionero de una ciudad en cuadrícula no uniforme, matizada.

El puerto, los grandes edificios y monumentos emblemáticos, los complejos sistemas de abastecimiento... Todo ello se repasa en el volumen.

El Grupo ACS, a través de sus empresas en EE. UU., ha ejecutado algunos de los proyectos de ese «Nueva York moderno». Entre ellos, el edificio de Naciones Unidas, el Lincoln Center, la ampliación de la estación Grand Central, la construcción del Yankee Stadium o la expansión de la terminal 5i del aeropuerto internacional John F. Kennedy.